viernes, 8 de mayo de 2026

¿SERE FAMOSA CUANDO MUERA?

Tengo una identidad muy única y no me parezco a nada que nadie haya hecho antes. Entonces cuesta encontrar mi “nicho”, porque en realidad lo estoy creando desde cero.

Es como cotidianidad, espiritualidad, humor y un poco de tabú.

Como que la gente aprende sobre las cosas más esenciales y profundas de la vida, pero riéndose de las vergüenzas, contradicciones y situaciones humanas que cuento. Soy una profesora muy seria enseñando cosas importantísimas de una manera tan simple y relajada que parece que estuviera hablando estupideces. Pero en realidad no lo estoy.

Y ahí está el problema: mis videos no se hacen virales. Son como un nicho que todavía no me descubre. Y a veces me da pena porque mi flow divino naturalmente quiere hacer videos largos, donde recién empiezo a agarrar vuelo. Ahí aparecen las genialidades, las conexiones profundas, las tallas inesperadas y las observaciones humanas que hacen reír y pensar al mismo tiempo. Pero Instagram quiere que uno impacte en menos de tres segundos, y eso para mí es dificilísimo.

Entonces a veces pienso que quizás estoy creando contenido para un tiempo que todavía no llega. Y honestamente, ya no me importa tanto. Porque incluso si algún día me muero y recién ahí la gente entiende lo que estaba haciendo, igual me conformo jajaja.

Porque es desesperante tener un talento increíble para algo y que la mayoría de la gente no sepa dónde categorizarte. No entienden si eres tonta o una genia. Quedan plop y siguen scrolleando, porque prefieren a alguien que les entregue una categoría conocida y segura. La típica “yoga woman” que se viste hippie, hace yoga, habla frases espirituales aprendidas de memoria y sigue perfectamente el guión cultural de cómo “debería” verse una persona espiritual.

Y ahí la gente dice:
“Ah ya, ella sigue el personaje. Ella debe ser real.”

Pero yo creo que el futuro de la espiritualidad no se va a ver así.

Yo creo que mientras más el ser humano encuentre a Dios dentro suyo, menos va a necesitar disfrazarse espiritualmente para validarlo. Porque la verdadera profundidad no necesariamente tiene estética.

De hecho, yo siento que mi espiritualidad ocurre mientras tengo la casa impecable, los animales cuidados, la chimenea prendida, incienso, el mate servido y la cama perfectamente hecha. Y después de tener toda mi vida funcionando armónicamente, me acuesto como una princesa a hablar de la existencia.

Nunca he sido caótica. Nunca.

La gente cree que porque alguien usa terno y trabaja en una oficina tiene la vida bajo control. Y no siempre es así. Yo conozco mucha gente extremadamente “funcional” que por dentro está desconectada, agotada o muerta espiritualmente.

En cambio, mi vida está llena de orden. Tengo una hectárea y hasta las plantas del bosque están cuidadas y podadas. Hay orden detrás de mi libertad. De hecho, gracias a ese orden tengo libertad.

Y quizás eso es parte de lo que quiero transmitir: que puede existir una vida profundamente espiritual, libre, inteligente, estética y humana sin necesidad de actuar un personaje artificial. Que uno puede hablar de Dios, trauma, muerte, amor y conciencia mientras toma café en la cama con los perros durmiendo al lado y la casa oliendo rico.

Porque yo no quiero escapar de lo humano para encontrar lo divino.

Quiero encontrar lo divino dentro de lo humano mismo.

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